Pues no, no es un cacho de texto...es una foto buahahah xD Me lo he imprimido para hacer unas modificaciones y en cuanto termine eso y el final del capo lo subiremos. Antes de fin de mes creo que ya lo habremos puesto ;)
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Informando desde el más allá
Hola a todos, sentimos mucho haber tenido la historia parada, pero no teníamos muchas opciones, falta de tiempo, otros proyectos... pero ya nos hemos puesto en marcha, estamos corrigiendo lo que tenemos hasta ahora y continuando con el capítulo 4, antes de que os deis cuenta os traeremos otros pedazo maravilloso que os hará deshaceros.
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Capítulo 3 Un futuro incierto
Capítulo 3 Un futuro incierto
Giró la cabeza hacia Cronn y Akrios a la par que
señalaba la ciudad con un dedo, la boca se le había resecado y quedado
parcialmente abierta, tras unos segundos habló.
—¿Esa es vuestra ciudad?
—¿Sorprendida? —preguntó en tono irónico
Akrios— ¿Acaso te pensabas que vivíamos en una ciénaga?
Odesa iba a responderle que al menos él
sí, cuando un enorme bicho volador muy similar a un pájaro desplumado del color
de la flor de cerezo, graznó en lo alto del cielo trazando círculos sobre sus
cabezas asustándola. El grito que salió de su garganta casi se la desgarró,
instintivamente dio varios pasos atrás comenzando a sentir un fuerte temblor en
las piernas provocado por un nuevo miedo.
—No te va a comer —avisó Akrios cuando
la espalda de Odesa chocó contra él—, a menos que le digamos que lo haga…
Ella giró la cabeza y el demonio pudo
ver a través de sus ojos un pánico que pocas veces había visto, o más bien
nunca. No pudo reprimir una risa ronca mientras posaba ambas manos sobre los hombros
temblorosos de la chica y empujaba hacia el frente, obligándola a caminar
pendiente abajo, en dirección a la ciudad.
—No le hagas caso, es un Fernir, una de
nuestras mascotas —soltó un pequeño suspiro, sorprendido de que su propio miedo
interior hacia aquella humana comenzaba a descender—, son inofensivos.
Odesa se dejó llevar por el camino de
piedra, llegaron al puente y lo cruzaron, no les separaban ya más de doscientos
metros de la ciudad cuando volvió a escuchar la risa de los niños, esta vez mucho
más cerca. Los vio a su derecha, en la orilla del río y rodeados de pequeños
arbustos, se quedó muda al ver los extraños colores de su pelo y piel, alguno
tenía una larga cola creciendo desde la parte más baja de su espalda.
—Esto es completamente irreal… —murmuró
preguntándose miles de cosas.
Tenía miedo, no lo podía negar,
¡demonios nada más y nada menos! En momentos como aquel sentía su determinación
flojear, y dudaba que pudiese soportar muchas más sorpresas después de haber
visto aquella enorme cosa o monstruo cruzar
el cielo sobre su cabeza. Suspiró mientras sentía la enorme y fuerte mano de
Akrios empujándola de nuevo.
Cruzaron un portón en el que había dos
hombres vestidos con alguna clase de armadura, ambos saludaron, en opinión de
Odesa, demasiado profundamente cuando se inclinaron y agacharon la mirada para
posarla sobre el suelo de piedra gastada, lo cual provocó un pequeño
sentimiento en ella, como si se sintiese alguien importante. Y de repente, una
risilla se adueñó de su boca cuando vio a Akrios responder a su gesto, él,
lleno de mugre y con su ropa de mendigo…
—¿Te ríes de mí, mocosa? —torció el
labio superior con enfado y la empujó con fuerza contra el muro más cercano, a
lo que ella se quejó sintiendo un poco de dolor en el hombro debido al impacto—
Te voy a tener que enseñar modales.
—¡Me gustaría verlo! —gritó levantando
el mentón altiva mientras le retaba con la mirada.
Su orgullo disminuyó un poco cuando él
afiló la mirada y apretó con fuerza la mandíbula, Odesa habría jurado que debido
la fuerza usada, le había emergido un enorme músculo en el cuello. Al mismo
tiempo, Cronn le miró sorprendido por su repentino autocontrol, algo
desconocido en Akrios hasta aquel momento, no era el tipo de demonio tranquilo
que se dejaba mangonear, menos aún por una niña humana, bien lo sabia él
después de tanto tiempo a su lado.
Con un nuevo empujón, terminaron de
entrar en la ciudad. Odesa observaba todo con especial atención, no era ni de
lejos lo que se habría esperado encontrar en una ciudad demoniaca, veía a la
gente caminar de manera tranquila con sus quehaceres matutinos, comprar,
colada… los niños corrían jugueteando y enormes hombres vestidos con medias
armaduras caminaban en lo que ella imaginó sería una patrulla.
—¿Dónde me lleváis? —quiso saber al cabo
de un rato, pues se fijó en que no se habían adentrado hacia el centro de la
urbe, sino que estaban dando un rodeo e iban por lo que serían los límites de
la ciudad.
—A ver al consejo, ya te lo hemos dicho
—respondió Akrios un poco agrio mientras la apremiaba—. Date prisa, tengo
hambre.
—¿Y a mí qué me dices? —se quedó
estupefacta por su poco tacto— ¿Crees que mi idea de un verano maravilloso era
estar aquí rodeada de bichos raros? —habló tan rápido que se trabó un poco, la
repentina furia que se apoderaba de ella la controlaba.
Akrios levantó un dedo cuando ella se
paró frente a él encarándolo, como si la señalase, entonces dio un paso al
frente y la empujó con tanta fuerza que su trasero acabó de sopetón
encontrándose con la dura piedra del suelo. Odesa levantó la cabeza preparada
para gritar todo cuanto se le pasase por la cabeza, pero la mirada que tenía
aquel endemoniado en la cara le cerró la boca. Oscura habría sido la definición más cercana. De nuevo, tragó
saliva con dificultad mientras un escalofrío le recorría todo el cuerpo, se
sintió pequeña, indefensa y un poco estúpida.
—Definitivamente voy a enseñarte modales
—enarcó las cejas mientras aquella temible oscuridad desaparecía y una sonrisa
se dibujaba en su rostro—, por supuesto, a mí manera…
Cuando ella iba a intentar hablar y
reprocharle algo, Akrios se agachó lo suficiente para llegar a ella, estiró el
brazo y la agarró con fuerza de la pechera para levantarla de sopetón mientras
ahogaba un grito por la impresión, pues por un segundo creyó firmemente que la
golpearía, o peor aún, mataría.
Se quedó tiesa cuando llegaron ante el
primer tramo de escaleras. Su menté se tiñó de blanco y su respiración se
aceleró hasta el punto de llegar a tartamudear cuando logró articular su
pregunta.
—No será cierto… ¿hay que subir? —el
aire se le escapaba de los pulmones con el simple pensamiento.
—Claro —Cronn la miró con sorpresa—.
¿Por qué pones esa cara?
—¿Intentáis… que me muera? —su cara no
escondió su actual estado de ánimo— Nadie es capaz de subir eso…
—¿De qué hablas? —se metió Akrios por
medio— Sólo son escaleras.
“Solo
escaleras…”. Repitió en su mente “¡Debe de haber cientos… miles!”.
Sin tiempo a que pudiese decir nada más,
Cronn comenzó a subir a paso ligero, Akrios la apremió y ella comenzó a seguirle
escaleras arriba. No eran muy altas, pero sí anchas para sus piernas, tenía que
dar dos pasos para llegar a la siguiente, y así sucesivamente. Un rato después
ya comenzaba a tener dificultad a la hora de respirar, y sentía las piernas
pesadas, como si se hubiesen convertido en plomo, y ni hablar de la sequedad de
su garganta, ¡mataría por un trago!
—No… no puedo… más… —dejó caer parte de
su cuerpo, apoyando las manos sobre las rodillas mientras sentía como varias
gotas de sudor resbalaban por ambas sienes— Joder…
—No sabía que los humanos fuesen tan
debiluchos —Akrios se paró frente a ella y se cruzo de brazos mientras la
analizaba—, me sorprende.
Odesa puso los ojos en blanco, no podía
creerse que después de haber subido tantas escaleras tuviese la misma cara y
respirase tan tranquilamente, era imposible… al menos para un cuerpo humano,
resistir aquello. Aunque bien es cierto, que Odesa no era una persona muy
movida, no practicaba ningún deporte ni ejercicio, y ahora le pasaba factura.
Definitivamente cambiaría eso.
Cuando al fin consiguió llegar al final
de la interminable escalera, Odesa dio un par de pasos para alejarse, cogió
aire inflando su pecho todo lo que pudo e intentó normalizar su estado. Inevitablemente,
quien fuese capaz de subir tal escalinata sin dolor de piernas, sin sudar como
un pollo y desde luego, sin morir… no era humano.
Había llegado hasta arriba medio
encorvada, sosteniéndose las piernas por el cansancio y cada varios peldaños
tuvo que frotarse ambos gemelos, en los que parecían estar afilando cuchillos mediante
su carne. Por eso, ahora que al fin conseguía enderezar la dolorida columna y
suspirar tranquila, volvió a quedarse atónita de nuevo.
Desde aquel lugar tan alto podía verse la
ciudad en todo su esplendor, sus vivos colores y el gentío que abarrotaba las
calles. Aún estando tan alto, Odesa podía captar leves sonidos que llegaban
desde abajo, mezclados con el susurro del viento que simplemente quería mecerse
contra su níveo rostro y enredarse entre su larga cabellera oscura.
Se percató de que había un artilugio de
hojalata cerca de ella, aunque no sabía si era ese tipo de material u otro. Era
similar a un catalejo, pero redondo como una pelota de futbol, con lo que podía
apreciar una mirilla. Se acercó a él sin importarle si los dos que la habían
llevado hasta ese lugar tenían algo que objetar. En cuanto tuvo el aparato a un
palmo, definitivamente supo que aquello debía servirles para vigilar un poco lo
que sucedía a tantos metros bajos sus pies, así que no pudo evitar acercar un
ojo a lo que ella supuso era la mirilla, aunque sin estar muy segura de ello.
No vio nada al otro lado.
Escuchó un leve popurrí de risas a su
espalda y se giró airada con el ceño fruncido, sintiéndose un poco abochornada
y en cierta manera, estúpida.
—¿Qué? —refunfuñó de brazos cruzados
alzando la barbilla y lanzándoles dagas con la mirada. Ambos estabas
aguantándose una carcajada sin mucho éxito.
—Nos estábamos preguntando qué estabas
haciendo mirando tan de cerca un simple interruptor —respondió Cronn.
¿Un
botón…? Pues parecía más una mirilla
que un botón.
—¿Qué es? —preguntó intrigada
acariciando sin percatarse la fría superficie de la esfera con una de sus
manos. Akrios rodó los ojos dramático y bufó cansado de tener que responder a
todas las preguntas que hacía.
—Un telescopio, simple y llanamente.
—Pues no tiene pinta de simple —empezaba
a crisparse, no estaba segura de si reía de ella, o realmente aquel demonio no
entendía lo que decía. Desde luego, al otro lado no había agujero para poder
ver—. No se ve nada si no hay un orificio de salida —cansada, señaló con el
dedo punteando con la uña el sitio exacto en donde debería ir.
Ambos demonios se miraron extrañados.
—Ese artilugio fue, por decirlo de
alguna manera, copiado de los que hay en tu mundo. No entendemos de qué te
extrañas tanto.
—No le hemos preguntado de qué mundo es —susurró
Cronn, pero Odesa llegó a captar “no
hemos, y mundo es” y se imaginó la frase.
—… Mundo —musitó la chica—. Qué raro se
me está haciendo esto… —se llevó las manos a la sien derecha y masajeó un
momento. Luego los miró de nuevo.
—De primeras, eso no se parece en nada a
un telescopio. Los nuestros no tienen botones, y claro que tienen dos orificios,
te lo aseguro. Ya me diréis cómo narices podéis ver algo con esto —señaló el
aparato.
Akrios se acercó con dos zancadas
obligándola a dar un paso a un lado. Se plantó frente al cacharro y exagerando
en demasía sus gestos, como creyendo que Odesa era tonta o algo similar,
extendió el dedo índice de su mano derecha frente a sus narices, lo acercó
lentamente hacia la mirilla como diciéndole
“¿vas pillando los pasos?” y lo oprimió.
Hubo un momento de silencio, hasta que
se escuchó un leve clic y un pequeño holograma de la ciudad en 3D se alzó
frente a sus ojos.
El demonio volvió a apretar el botón y
la imagen despareció al momento. Odesa estuvo a punto de gimotear, pero el
albino agarró su muñeca tirando de ella hacia él y con la otra extendió su dedo
índice, lo acercó al botón y lo hizo presionar, pero el bordeado de la mirilla
cayó al suelo por el desgaste de los años y ambos se agacharon para recogerla
al mismo tiempo. La cabeza de Ody chocó contra el hombro del demonio,
quejándose porque el pelo se le había enredado en el cordón que él llevaba en
el cuello y en un lió de golpes, tirones y manos, Odesa acabó rozando suavemente
uno de los cuernos de Akrios con uno de los dedos.
Escuchó entonces un siseó al que siguió
un fuerte gruñido a menos de un palmo de su cara, cuando clavó los ojos en él,
vio que mostraba una perfecta fila de dientes coronada por dos amenazantes colmillos.
—¿Pero qué…? —a Odesa se le fue todo el
color de la cara por un segundo.
Jadeó imperceptiblemente quedándose sin
aire cuando los ojos de ambos conectaron de nuevo y los de Akrios, carentes de
color a excepción de su iris rojizo, comenzaron a adquirir el color de la
sangre. No supo interpretar si ese cambio era para bien o para mal, pero por
aquél gruñido contenido, más le valía poner distancia entre ambos cuanto antes.
Akrios la intentó apartar de un empujón,
pero Odesa gritó porque su pelo se había enredado más que antes en el dichoso
colgante, dejándoles nuevamente en la misma posición, pero con un Akrios un
tanto más agitado de lo que ya venía estando.
Cronn, a pesar de haber tomado un poco
de distancia con la chica por el simple hecho de ser humana, tuvo el repentino
impulso de acercarse en lo que se tardaba en decir “uno” al ver la reacción de su amigo. Con rapidez, sacó una pequeña
cuchilla y cortó el mechón de pelo enredado, alejándola así del peligroso
demonio que parecía estar batallando consigo mismo por los gruñidos y espasmos
que tenía. En cuanto se alejó de él con un fuerte tirón de Cronn, Akrios voló
unos metros hacia arriba. De su espalda emergieron una alas oscuras que
carecían de plumas, más bien estaban formadas por alguna clase de humo, pero
mucho más denso. El demonio dedicó una enfermiza mirada hacia Odesa enseñando
los colmillos una vez más, y se fue dejándola desorientada, aterrada y
totalmente incrédula por lo que acababa de ocurrir.
Una vez Akrios desapareció de la vista
de ambos, viró sobre sí misma y observó la torre, que con la distracción del
telescopio, ni se había percatado de su presencia. Frente a la edificación se
alzaban dos majestuosas columnas romanas de piedra caliza de unos 3 metros de alto, tenían
un diámetro tan gigantesco, que Odesa estaba segura que si intentaba abarcarla
con los brazos, ni de cerca iba a conseguir enlazar las manos.
Estos dos pilares guardaban y daban la
bienvenida a una enorme puerta hecha de un material bastante parecido al hierro
pero de colores níveos y brillantes que emulaban alguna clase de efecto marino.
El marco de dicho portón, del mismo color, tenía perfilados en relieve unos
intrincados símbolos grisáceos que Odesa ni se molestó en intentar analizar, ya
que a simple vista no tenían mucho sentido. Alzó la vista, y un poco más
arriba, hallándose a un par de metros por encima de la puerta, había varios
ventanales arqueados que parecían tener la altura de una persona.
Odesa se preguntaba qué tipo de
arquitecto construía un edificio tan alto y con aquel número de ventanas, estas se
apilaban unas sobre otras. Mientras le daba vueltas al tema, era arrastrada al
otro lado de la enorme puerta por Cronn, que con insistentes empujones contra
su espalda, estaba consiguiendo el cometido de meterla dentro del edificio
antes de que Akrios volviera, que en aquél estado en el que se encontraba, no
quería ni imaginarse lo que podría llegar a ocurrir.
Una vez cruzado el lumbral, la chica
quiso preguntar por el otro demonio, pero viendo el rictus serio de la cara de
Cronn, se ahorró gastar saliva ante una respuesta que no llegaría. Atravesaron
un pequeño pasillo estrecho, tanto que si estirabas los brazos, posicionándote
en cruz, la palma de la mano tocaría ambos tabiques. Al salir del pasillo, Odesa
se quedó boquiabierta, ambos se encontraron dentro de una enorme sala circular creada
con puro mármol, aquella estancia le pareció tener el tamaño de un palacio de
diputados.
Los suelos eran de un color hueso roto y
las lejanas paredes de mármol negro que le daban un toque místico a juego con
las intrincadas lámparas de llamas que colgaban del altísimo techo, el cual era
un gigantesco espejo que reflejaba todo lo que había bajo él. En el centro,
como si fuera el contrafuerte que sostenía el edificio, se encontraba un pilar
de un material traslúcido que subía hasta el techo, rodeando una plataforma
circular y en lo que parecía una mesita a su lado, un panel de mandos.
Ody se quedó mirando el techo, se vio a
sí misma desaliñada y algo mugrienta, junto a ella estaba Cronn, que miraba
ansioso al pilar translúcido. Después de unos segundos de enajenación mental
con tanta novedad, el demonio la arrastró hasta aquel panel mientras ella se
sentía una pequeña hormiguita en una enorme colmena. Cuando llegó a la
plataforma, no pudo evitarlo.
—¡Que me maten si esto no es un bendito
ascensor! —gaznó aliviada al ver el
invento y por no tener que subir más escaleras hasta el lugar al que se
dirigían.
—Lo llamamos transportador —murmuró él.
Aún sentía algo de pavor de la humana, aunque se le hacía inofensiva.
—Es lo mismo —respondió un poco menos
asustada—. Por cierto, sobre lo que ha ocurrido an…
—Sin comentarios —la cortó— y mejor que cuando le veas luego no toques el
tema —Odesa ciñó aún más su cruzamiento de brazos y se metió dentro del pilar
cuando Cronn la obligó.
—Que conste que sigo alucinando con todo
esto —le informó la chica con sinceridad.
—Ya somos dos —masculló el rubio empujando
hacia abajo una palanca que tenía la mesa de mandos. La plataforma comenzó a
subir lentamente.
—No te muevas mucho —le advirtió el Cronn— Una caída
desde esa altura —señaló al techo— y no
lo contamos.
Odesa iba a responderle un “sé montar en un ascensor”, cuando sin
avisar, el panel que les hacía de soporte a ambos cogió impulso a toda potencia
saliendo disparado hacia arriba y asustándola de tal manera, que no pudo
reprimir el grito, al que siguió otro de Cronn cuando ella se le enroscó al
brazo como una lagartija desesperada, mientras gritaba viendo pasar las plantas
de la torre como si fueran cometas que caían del cielo a toda velocidad. Debido
a la fuerza ejercida sobre su cuerpo, cayó al suelo llevándose a su compañero.
Le importó un pimiento el número de
pisos que habían pasado cuando al llegar a su destino abrió un ojo investigando,
con cautela. Lo primero que vio fueron unas botas de cuero negro seguidas de
unos pantalones de lino grises de cintura baja que dejaban ver los huesos de
las caderas, era tan ceñido al cuerpo que bien podría fusionarse con la piel
que había debajo. Siguió el recorrido ascendente de una perfecta tableta
tostada y fibrosa de músculos semi oculta por una larga chaqueta negra, también
de lino y sin mangas.
Terminó de alzar la mirada y tragó
saliva.
Acababa de repasar de arriba abajo a
otro demonio, pero este tenía uno potentes ojos esmeralda y el pelo rosáceo
claro. Por su cara, a lo largo de ambas mejillas, tenía unos tatuajes tribales
de color ocre rojizo.
—¿Podrías decirme en dónde cojones está
Akrios? —preguntó el desconocido mirando fijamente al rubio.
Cronn se percató de que tenía a Odesa
enganchada a su brazo como una lapa cuando esta se apretujó más contra él. Este se deshizo de su agarre como su si fuera
un cazo que había estado demasiado tiempo bajo las brasas.
—Vendrá en… un rato —respondió mirando a
la chica que estaba refunfuñando.
—Más le vale, el gobernador quiere verle
y no creo que sea por nada bueno —bufó cruzando los brazos y dejando reposar
así todo su peso sobre una pierna, dándole la nueva pose, un aire informal a
pesar de las pintas serias que tenía.
—Te aseguro que estará aquí en un rato.
Cuando se… calme —puntualizó Cronn y el otro alzó una ceja.
—Cuando se
calme —repitió lentamente—. Él siempre está calmado. Es una puta laguna de
aguas tranquilas —taladró al rubio con esas dos esmeraldas que tenía por ojos.
—Ya, bueno… —se
pasó una mano por el pelo echándoselo hacia atrás, aunque los mechones
volvieron de nuevo a su lugar— Han ocurrido un par de cosas —avisó mientras
comenzaba a incorporarse.
—Me imagino —miró
a la chica examinándola—. No hace falta que entres en detalles, es evidente que
en este edificio, una de las florecillas no es de la misma especie que las
otras —sonrío mirándola sin siquiera apartar la vista hacia Cronn, que era con
quien estaba hablando— ¿Puedes levantarte? —preguntó tendiéndole la mano a la
pobre Odesa, que aún seguía espatarrada en el suelo.
—Ah… Uhn… —asintió con un poco de miedo,
pero no extendió la mano. Ella misma se levantó apartando los mechones de pelo
que le caían por los hombros y se volvió a pegar nuevamente a Cronn como si le
fuera la vida en ello, pero sin agarrarle, le había quedado claro que le
incomodaba el inocente gesto. El desconocido alzó una ceja divertido.
—Vaya, no sabía que las mujeres te prefirieran antes a ti que a mí, Gazelle —se estaba mofando del rubio,
pero este no le siguió el juego.
—¿No te llamabas Cronn? —Odesa empezaba
a tener mucho que procesar.
—Sí —gruñó por primera vez el rubio—. Si
no tienes nada más que decir, lárgate Atos —agarró la muñeca de la chica
obviando el temor por hacerlo y la arrastró fuera de la plataforma pasando de
largo del recién llegado.
—¡En realidad le llaman gacelita, pero yo lo masculinizo! —gritó
Atos desde lo lejos con las manos en la boca haciendo de megáfono.
Cronn estaba mascullando algo en voz
baja, y por el fuerte agarre de su muñeca, Odessa supo que aquél tipo no debía
ser de su agrado.
Traición, viajes a través de mundos,
demonios con mal humor, monstruos, bichos voladores… ¿Qué maldita tirada de
cartas le estaba aguardando el destino? Con la suerte que estaba teniendo, una
escalera de color seguro que no.
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Un pequeño retraso
Esperamos que nos podáis disculpar. Dado que mi compañera y autora Okaa-san está trabajando muchísimo estos días, (hay veces que llega a las 10 horas diarias), no hemos podido adelantar mucho, espero que comprendáis que debe descansar, pues el esfuerzo físico que está realizando es muy grande... y no queremos que enferme ¿verdad?
Así que intentaremos compensar el retraso de alguna manera :)
De todas formas, si estáis hambrientas de lectura, podréis pasar por mi blog, que está lleno de novelas.
De todas formas, si estáis hambrientas de lectura, podréis pasar por mi blog, que está lleno de novelas.

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Capítulo 2 Nueva Realidad
Capítulo 2 Nueva Realidad
No le quedó otra que hacer uso de los pocos poderes que era capaz de usar rodeado de uno de los elementos que no controlaba, el agua.
En el aire, giró un poco el torso hacia atrás y lanzó con toda la puntería de la que era capaz el cuchillo a la boca abierta del bichejo negro que estaba delante de la humana, porque al acercarse tanto a ella e inhalar su aroma, supo de inmediato que no tenía ni una maldita gota de demonio en la sangre, lo cual descartaba las otras posibilidades que quedaban. No supo si llegó a acertar la diana porque bastante tenía con luchar contra el otro sin arma alguna.
Con una agilidad inhumana, aterrizó sobre la viscosa piel del monstruo. Miró momentáneamente hacia Cross y la chica, aliviado de ser un As en el arte de lanzar cuchillos, el otro monstruo había quedado fuera de combate, y la humana estaba saliendo del agua con un velo de terror en la cara. Alzó el puño en el aire intentando golpear a la cosa que siseaba en algún idioma extraño y maldijo cuando uno de sus tentáculos le agarró de una pierna hundiendo todo su cuerpo en el agua.
—¡Mierd…!
Tanto Akrios como el bicho desaparecieron bajo las aguas cristalinas, y desde donde estaba Odesa no se podía distinguir nada. La chica intentaba salir del lago mientras iba mirando hacia atrás. Se congeló cuando el ser con cuernos era arrastrado al agua. Instintivamente apretó los ojos con fuerza cuando sintió unas manos tirando con fuerza de ella hacia la orilla, y es que el tal Cross había entrado al agua desobedeciendo la instrucción que le había dado el otro para ayudarla a salir.
Ambos acabaron sentados en el suelo jadeando a unos pocos metros de las primeras ondas de las aguas. El rubio se percató que algo abultado nacía de los pectorales del chico que iba a resultar ser… una chica,
—¿Esto es real? —preguntó Ody, incapaz de creérselo.
—¿…Te parece lo que acaba de ocurrir poco real? —él abrió los ojos de par en par.
—¡Sí! —Explotó haciendo un gesto con ambas manos— ¡Este sueño… esto —recorrió el baldío con la mirada— …esa cosa…. Y él… que acaba de… morir!
—No está muerto —bufó sonrió de lado— Es posible que le cueste hacerse a la lucha bajo el agua, pero se ha enfrentado contra monstruos peores —la miró de lado—. Y más grandes con solo sus manos.
—Los monstruos no existen —replicó Ody mirando poco convencida hacia las aguas—. Y este lugar es…raro.
—Estamos en el otro lado y todo esto aquí es normal. ¿No recuerdas nada de tu vida aquí, Inicial?
“Estamos manteniendo una conversación tranquila y pausada mientras el otro se está supuestamente muriendo por mucho que digas, rubito.” Se dijo ella. “Nada de esto es normal.”
—¿Con aquí a qué te refieres? —preguntó ella de pronto, a lo que él alzó una ceja.
—A Daeman, nuestro mundo. ¿A qué más me iba a referir? —frunció el cejo como si estuviera intentando leer en su mente y al momento levantó la mano señalando al cielo a su derecha.
Odesa siguió con los ojos la dirección en la que señalaba el rubio y los pulmones se vaciaron de aire. Abrió imperceptiblemente la boca y jadeó.
“Imposible….”.
En lo alto del cielo azulado había dos hermosos planetas, o lunas, Odesa no sabía bien qué eran exactamente, y por mucha bromita que intentaran hacer, poner dos mundos tan brillantes y reales en el cielo en pleno día era algo imposible.
—Estoy soñando… Sí, eso es —intentó convencerse.
—Para nada —el otro se rió palmeando el hombro de la chica—. Recuperarás la memoria, tranquilo.
—No he perdido la memoria —susurró y él alzó una ceja cuando una tos proveniente del lago llamó su atención. El otro estaba saliendo del agua bamboleándose perfectamente entero, pero Odesa ni se percató de ello.
—No te esfuerces mucho, es normal que tengas lagunas mentales tras un golpe en la cabeza —Cross se levantó y le tendió una mano para ayudarla a levantarse. Ella seguía con la mirada fija en esos dos mundos.
Akrios llegó hasta donde estaban y maldijo entre dientes por haber perdido el cuchillo de hoja ondulada.
—Estarás contenta…—gruñó dirigiéndole una mirada gélida que pasó inadvertida por ella, ya que no le estaba prestando atención. De hecho no sabía ni que había salido del agua ileso.
—Creo que está en estado de shock —le susurró Cross disimuladamente a Akrios—. No seas duro con ella, seguramente ha perdido la memoria y…
—No ha perdido nada a parte de su inexistente calzado —le cortó—, y que esté en ese estado es normal —los pies de la chica estaban desnudos y polvorientos—. Es una puta humana.
—¿¡Qué!? —el rubio no quiso gritarlo, pero se le escapó y la miró horrorizado como si le hubiera salido un brazo extra o un ojo en la frente.
Esta vez ella había vuelto en sí y lo estaba mirando por aquél grito tan repentino
—¡¿He tocado a una humana?! —miró la mano con la que le había tocado el hombro y se sorprendió al ver que no se le había caído a cachos.
—No hagas caso de todas las historias de desintegración que te cuenta el viejo Dharn— bufó el otro —. Le encanta inventarse historias para no dormir.
Odesa estaba alucinada, la mueca que se dibujó en su cara no tenía precio.
—Si esto no es… un sueño… —comenzó a balbucear mirando al demonio con cuernos que ya no tenía ninguna cicatriz en la cara, y que ahora lucía una piel totalmente brillante que lo hacía totalmente deseable.
La chica sacudió la cabeza tras ese pensamiento sin sentido y continuó con voz temblorosa.
—Sois de verdad… de verdad unos demo… —Cross se escondió tras el voluminoso cuerpo de Akrios. Ahora el rubiales parecía tenerle miedo cuando momentos antes estaba charlando amigablemente con ella.
—Demonios —el ahora atractivo ser terminó la frase por ella.
— ¿Entonces, esto significa qué…? —comenzó a decir.
—Significa que vas a tener que dar muchas explicaciones, chiquilla humana —gruñó Akrios entrecerrando los ojos y perforándola.
—No… no soy una chiquilla… —tartamudeó, pues la fuerza de su determinación había desaparecido de un plumazo.
—Sí bueno, algo veo… —Ody, que le miraba fijamente a la cara, observó como en aquel momento bajaba los ojos y enarcaba las cejas en signo de ver algo evidente.
Llevó los ojos al mismo lugar que él, pero en un primer momento no encontró nada, sin embargo, de pronto se dio cuenta de su relativa desnudez. Ante ella veía como su pecho se alzaba con una respiración nerviosa, el pijama de verano mojado trasparentaba todo, y el viento frió que le cortaba la respiración había causado que no sólo se dibujasen dos pequeñas formas redondeadas, sino que también se alzaran junto a ellas dos pequeños botones.
Gritó tan fuerte que sintió que se le desgarraba la garganta, con una mano quiso taparse, y con la otra golpeó al tal Akrios en plena cara, que al tenerla aún mojada por el baño que se había dado con el monstruo, sonó tan fuerte que Cross puso una mueca de horror.
—¿Qué cojones te crees que haces, mocosa? —masculló entre dientes mientras le agarraba la muñeca con tal furia que el labio se le torció— Te acabo de salvar la vida y así me lo…
—¡Pervertido! —su cara estaba levemente sonrojada por la vergüenza. La mezcla de sentimientos comenzaba a provocarle migraña— ¡Eres un enfermo, un maldito enfermo mental!
Odesa intentó tirar, pero la fuerza que ejercía Akrios era mayor que la suya. Mientras forcejeaba, vio como él dibujaba una repentina y alargada sonrisa al tiempo que se le oscurecía la mirada. De pronto la soltó, y en consecuencia, cayó por la fuerza que estaba ejerciendo para pelear. Gimió por el choque contra el áspero y duro suelo arenoso, no recordaba haber sentido un golpe tan fuerte en su vida.
—Ya estoy cansado de esta mierda —se agachó y la volvió a agarrar del brazo para tirar tan fuerte de ella que salió literalmente volando hasta sus brazos— cállate la boca o te la tendré que lavar —avisó con un tono autoritario al tiempo que se la cargaba al hombro, como si fuese un saco de harina.
—No seas tan rudo Akrios… —susurró Cross a un par de metros tras ellos, que comenzaban a internarse de nuevo en el bosque.
—¿No eras tú el que tenía miedo de una insignificante humana? —rió girando un poco la cabeza y afilando una mirada de triunfo.
Cross agachó la cabeza un poco avergonzado y tragó saliva incómodo. Había escuchado tantas leyendas sobre los humanos y tantas cosas horribles de las que eran capaces, que estaba asustado. Él no era un guerrero ni experto en magia, de hecho, los chicos de su edad solían reírse de él porque el único poder que tenía -si es que se podía llamar así- era la velocidad, y Akrios era la persona con la que mejor se llevaba, por no decir la única.
De donde ellos eran, los débiles estaban considerados basura y poco necesarios, y si encima no te habían salido los cuernos de demonio a una edad determinada, la sociedad demoníaca te consideraba un paria.
Odesa era incapaz de gritar, sentía como la sangre bajaba hasta su cabeza arremolinándose en cada parte. Se retorcía como una culebra porque le ponía realmente nerviosa aquella fuerte presión en las caderas, y Akrios tenía las manos tan grandes que ocupaba hasta el último centímetro de ellas. Se agarraba con ambas manos a la casaca verdosa, a la altura de las caderas de él, que no parecía inmutarse, aunque su cara reflejaba lo molesto que comenzaba a ponerse por sus movimientos.
— ¡Ah…! —se le escapó un pequeño grito de pronto al sentir como su pelo se deslizaba hacia abajo cayendo en cascada— La… la pinza… —estiró una mano hacia el objeto, que descansaba en el camino.
Debido a la extensa capa negra no pudo ver, pero Cross se agachó con cierto temor y agarró entre sus pálidas manos el objeto extraño, al que se quedó observando mientras aceleraba los pasos tras Akrios.
El cabello de Odesa se balanceaba de un lado a otro por los fuertes pasos que daba cuando en aquel preciso instante se dio cuenta de la gran altura de él, porque de haber sido otra persona, la punta de su cabello se estaría arrastrando en aquel momento por el suelo, y sin embargo, le llegaba a él por la parte baja de las rodillas.
—Deja de moverte si no quieres acabar en el suelo —informó Akrios con cansancio.
—Creo que si dejaras de llevarla al hombro como si fuera un saco de patatas mientras saltas sobre todas las rocas que te encuentras por el camino —comenzó a decir Cross con la vista clavada en el interesante suelo—, es posible que deje de gimotear y de perder parte de su escasa indumentaria de humana.
—¡Eh! —se quejó Odesa— Al menos yo tengo mejor gusto con la ropa que vosotros —refunfuñó.
Akrios saltó un tronco caído haciendo rebotar a Odesa sobre su hombro, acción que lo obligó a agarrarla de las caderas con más fuerza cuando estuvo a punto de caer al suelo, donde sin duda, Odesa habría aterrizado con la cara.
La chica bufó cansada mientras la cabeza le rebotaba arriba y abajo con la cortina de pelo ahora enmarañada e impidiéndole ver nada, así que con unos dedos temblorosos lo apartó a un lado y miró lo que había frente a ella, Cross. Estaba refunfuñando sobre alguna cosa y parecía distraído con su pinza, no dijo nada, pero Odesa dio gracias mentalmente al muchacho por recogerla cuando se le había caído, al fin y al cabo, era un regalo de sus padres.
—¿A dónde vamos? —le preguntó, y este alzó la vista dándose cuenta de que le estaba preguntando a él.
—A sacrificarte como a un corderito —respondió Akrios divertido.
—No estoy hablando contigo, salvaje —protestó la chica. No hubo respuesta por parte del que la cargaba más allá de un gruñido.
Momentos más tarde, Cross pareció dignarse a responder, pero con cierta cautela.
—Vamos a llevarte al consejo —dijo mirando hacia un lado con cierta incomodidad.
—No hace falta que le des explicaciones Cross. Cuanto menos sepa mejor —lo reprendió el otro aflojando cada vez más el agarre de la cintura de la chica al notar que ya no se movía como una serpiente.
—Bueno… —dudó.
—No —sentenció.
—Perfecto —añadió tajante—. He de asimilar que esto no es un sueño, que me lleva a cuestas un antipático demonio que parece desayunar limones con sal y que su amiguito va a resultar ser un mentecato incapaz de mirarme a los ojos ahora que sabe que no tengo cuernos ni saco rayos láser por los ojos.
Cross alzó la vista y la taladró con la mirada. Sus ojos azules le reprochaban el haberle llamado mentecato.
—Ya vamos mejorando —Odesa sonrió cuando el rubio la miró aunque fuese ligeramente enfadado, y es que Odesa odiaba que al hablar no la mirasen a la cara. Este se ruborizó y a ella le hizo gracia el gesto inocente.
Al final ni el tal Akrios ni Cross dijeron una palabra referente al lugar al que la llevaban ni qué iban a hacer con ella, así que volvió a dejar que su cabello colgara como una cortina. Era angustioso y se preguntaba qué había sido de Yuri, o de aquella persona que una vez conoció y que se hacía llamar así hasta el momento del muro.
Tan obcecada en sus cavilaciones estaba, que se percató bastante casi una hora más tarde que habían entrado a un lugar oscuro cuando la pregunta que le hizo el rubio al otro rebotó y resonó varias veces con un frío eco.
—Volveré luego a por ella. Era mi cuchillo favorito y ese maldito Fugrah hizo que la perdiera —respondió Akrios, y su propio eco repitió las mismas palabras un par de veces más.
Odesa sumó dos más dos y apartó de su cara la cortina de pelo oscuro.
Estaban en una cueva, y justo cuando acababa de procesar esa información sin saber bien cuanto tiempo había estado en las nubes pensando en Yuri, la iluminación del exterior la cegó momentáneamente obligándola a cerrar los ojos. Acababan de salir de una enorme piedra que para nada se parecía al exterior de una cueva.
—En realidad estábamos en un túnel de piedra —como si el rubio supiera lo que se estaba preguntando le respondió sin más—. Hemos estado un buen rato caminando cuesta abajo y otro cuesta arriba, pero creo que… —vaciló porque no sabía si seguir, pero Akrios no le cortó ni reprendió por sus palabras— tus ojos de humano no son capaces de percibir de la misma manera que los nuestros.
Ella alzó las cejas.
—Seguro —afirmó la chica—, pero los tuyos son más como los míos y sin embargo eres un demonio.
El semblante de Cross quedó cubierto por la sombra de algo oscuro. Él frunció el ceño y su boca quedó rígida como un palo al igual que su cuerpo, que parecía estar conteniéndose de no echar a correr dejándolos allí.
Odesa iba abrir la boca pero Akrios lo impidió con un repentino anuncio, y ella no supo si lo hizo para ayudar al otro o porque no podía estarse callado.
—Ya hemos llegado.
—¿Te importaría darme la vuelta para que le de un vistazo al lugar tenebroso? —preguntó— Es para mentalizarme —indicó con cierta guasa.
Se la bajó del hombro con el mismo cuidado que con el que la cargó en los baldíos, ninguno. Después se cruzó de brazos indicándole que podía mirar y que le perdonaba la vida simplemente por el mero hecho de existir y respirar su mismo aire.
Odesa se sacudió el pijama sucio y aun húmedo para cruzar segundos después los brazos a la altura del pecho y no dejar así ver nada de su poco atractivo cuerpo a aquel energúmeno que seguro se reiría de él.
Al girar la cabeza para ojear la pocilga en la que seguramente vivirían, Odesa no se imaginó ni por un pequeño segundo que aquello que se alzaba ante sus ojos era mucho más antiguo que las pirámides egipcias. Mucho más allá de lo que habría esperado, se extendía una gigantesca metrópoli de casas bajas a excepción de una enorme torre blanca que se ubicaba en lo alto de una baja meseta, observó que a ella se accedía por lo que parecía un larga escalera que salía de la ciudad por un lateral, sintió un pequeño ahogo solo de pensar tener que subir por ella, pues habría miles de escalones.
Descendiendo por un amplio campo verdoso y en línea recta desde donde estaban, se encontraba el principio del camino de piedra que llevaba a un puente bastante basto, por el cual se podía cruzar un ancho río que por lo que Odesa dedujo, atravesaba la gran ciudad.
Parpadeó varias veces ante lo que veían sus ojos. Los diferentes sonidos y olores que le empezaron a embriagar con retraso, y su estupor por lo que estaba viviendo, la hicieron flotar en una nube haciéndola caminar hacia adelante sin percatarse de lo que hacía, hasta que las risas de unos niños jugando muy a lo lejos la sacaron del aturdimiento.
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Capítulo 1 - Un mundo distinto
No tengo mucho tiempo para actualizar y me encuentro con que el borrador se había borrado por arte de magia pero bueno....He de escribir de nuevo (vaya palo...hahahah). En fin que traemos el capi 1 que nos ha costado lo nuestro jajaj Esperamos que os guste y que comentéis ^^
Capítulo 1 - Un mundo distinto
Los grillos cantaban con fuerza, Odesa abrió los ojos y un terrible dolor de cabeza la inundó, obligándola en un acto reflejo a llevarse una mano a la cara. Estaba tumbada en la hierba húmeda y sobre ella no veía más que frondosos árboles que limitaban su visión.
—¿Un… sueño? —se preguntó a sí misma recordando fragmentos de lo ocurrido y pensando que tal vez era sonámbula.
Obligó a su cuerpo a incorporarse a pesar del terrible mareo que estaba sintiendo. Se quedó sentada con una de las manos aún sobre la cabeza y observó. No sabía cómo pero había acabado en mitad de un oscuro bosque de tonalidades demasiado apagadas, no parecía en absoluto un lugar normal.
Tirada entre los hierbajos y con una brecha en la frente, intentaba unir sus últimos recuerdos. Debía de haber estado bastante tiempo inconsciente, porque sus dedos apenas se manchaban de sangre, con el tacto notaba la profundidad que tenía el corte y el terrible dolor que sentía, parecía ser profundo.
—Joder… —murmuró al ver que por mucho que intentase mirar más allá no veía más que árboles que no lograba identificar.
Consiguió quedar en pie con las manos posadas sobre sus muslos como apoyo y volvió a mirar, esta vez con renovado interés, porque había algo que no le cuadraba.
“No hay ningún bosque…” pensó de pronto. “En la zona de arqueología no hay bosque, ni ahí ni en varios kilómetros a la redonda… Esto debe ser una broma… “
—Desde luego que tiene que ser una broma… —Se incorporó del todo mientras buscaba esperanzada a sus compañeros, tenían que estar escondidos entre los árboles—. Venga Yuri, me has dado un buen susto, no sé cómo lo has hecho… pero te has pasado.
Dio varios pasos asomando la cabeza por entre arbustos, matorrales y árboles.
—Sé que ellos solos no podrían haber maquinado algo así siendo tu furgoneta la única que nos lleva y trae a la ciudad —continuó alzando la voz y rodeando el siguiente conjunto de árboles—. Anna, seguro que estás metida en el meollo, así que canta —caminó hacia un árbol escuálido para asomarse por esa zona— o asoma la patita antes de que empiece a usar las ramas de los árboles… ¡Como palos de trinchar! —acabó alzando más el tono de la voz comenzando a exasperarse.
Nadie le respondía y eso significaba que o bien le estaban jugando una broma que no sabía hasta qué límites iban a llevar, o que realmente era sonámbula.
Un ruido muy lejano llamó su atención, giró hacia su derecha y corrió sin pensar en aquella dirección rezando para no caerse de bruces al suelo por el pequeño mareo que tenía. Las zapatillas tampoco ayudaban nada.
En su mente sólo imaginaba la paliza que les iba a dar y la tortura china que iba a emplear con Yuri por haberles dejado la furgoneta… Y para colmo, el frío que estaba empezando a tener la estaba dejando congelada, pero eso quedó en un segundo plano debido al sonido de algo moviéndose a su izquierda. Al llegar a la altura del lugar no encontró a nadie y volvió a escuchar ese mismo sonido unas 4 veces , cada una dirigiéndola a diferentes sitios hasta que un fuerte estruendo de algo rompiéndose a unos cuantos metros a su derecha la asustó.
Con una sonrisa triunfante, cambió de dirección hacia donde creía que había salido el retumbo encontrándose con un enorme y solitario macizo color café que estaba rodeado de pequeñas piedras. Parecían haber sido colocadas estratégicamente cerca unas de otras para formar un círculo alrededor del gran árbol, frente al cual había otra enorme piedra color ceniza partida en dos. Paró en seco frente a la gran piedra, frunciendo el ceño y decidida, la pasó de largo con cuidado para después rodear el árbol con la intención de sorprender a alguno de sus compañeros.
— ¡Te pill…! —El triunfo de Odesa mudó a frustración—. Esto ya no me hace ni puñetera gracia…
Cansada de haber estado corriendo y en vista de que ninguno de sus compañeros iba a aparecer por el simple hecho de querer mofarse de ella un rato, apoyó su espalda en el enorme macizo contemplando el lugar. Aquel sitio colorido era totalmente diferente al lugar en el que se había despertado, menos frondoso y con el cielo al descubierto. Las hojas que hacían de manto en el suelo eran variopintas y de muchísimos colores, pasando de un potente amaranto a un azul cielo. No le sonaba de nada sus formas triangulares y los pequeños dibujos que cada una de ellas tenía estampado.
“Las hojas azules no existen” pensó. “Y no van con dibujitos, ¿verdad?”.
—Parece que se han propuesto hacerme la mañana animada volviéndome loca —musitó—, y encima ahora me duele la cabeza… —volvió a pasarse las manos sobre la frente masajeándose las sienes con los dedos.
Odesa sabía que no podía quedarse ahí parada a la espera de que la broma cesara. Conociendo a Anna y a Marie, estaba segura de que la gracia iba a durar como mucho un par de horas, hasta que a Yuri se le cruzaran los cables nuevamente con su maniática frase de “trabajo, trabajo, trabajo”.
—Bueeno… —suspiró— Creo que es hora de ponerse en marcha y volver al lugar en donde me dejaron tirada como un saco de patatas del Mcdonals —gritó como si alguien pudiese escucharla.
Viró sobre unos cuantos pasos y se detuvo en seco cuando ya había pasado de largo aquella piedra partida. ¿Por donde había venido? Recordaba que había estado corriendo en línea recta sorteando los enormes árboles de ese sitio, y que después llegó a otro con más vegetación y luego más vegetación mustia.
—Perfecto… ¡Me he perdido idiotas! —alzó la voz peinándose los mechones de la frente que se le habían soltado del moño—. Vale, pedazo de inútiles con patas —resopló—, me iré por ahí, daré vueltas y vueltas y acabaré enfrentándome a una pantera. No, mejor a un oso negro enorme que me dará un zarpazo… y luego lloraréis en mi tumba. Cuando queráis llevarme a casa ya me avisaréis —acabó mientras caminaba sin rumbo fijo.
Prestándole más atención al ruido que hacían las hojas bajo sus pies y a sus distintos colores que al sitio al que se dirigía, Odesa había pasado por alto dos pequeños detalles de suma importancia. De haber mirado al cielo en aquel momento, se habría dado cuenta de que había dos esplendorosos mundos, uno de colores verdosos y otro de tonalidades anaranjadas en el cielo, lo suficientemente grandes como para igualar el tamaño de dos lunas juntas, y lo que le habría resultado más inquietante, saltando entre las ramas con una agilidad increíble, había un extraño borrón acechándola.
Un buen rato más tarde, la chica alcanzó el final del bosque, quedando frente una explanada de tierra baldía totalmente reseca. Si no llega a ser porque a lo lejos divisó lo que parecía un lago, habría vuelto tras sus pasos para seguir caminando entre arbolitos y plantitas. Marchó hasta las claras aguas en busca de un trago por la exhaustiva caminata, tenía la garganta reseca y casi sentía escozor.
Ninguno de sus amigos de la expedición había intentado detenerla cuando se había alejado del sitio en el que había despertado, así que ella siguió a su aire, convencida de que en algún instante iban a aparecer, y aquel era uno de los posibles momentos, porque en muchos metros a la redonda no había absolutamente nada a excepción del lago. Cualquiera que se acercase era perfectamente visible.
Odesa no sabía si el agua era potable, pero con la sed que traía no le importaba mucho. Se asomó a las aguas increíblemente cristalinas, tanto que podía ver las pequeñas piedrecitas que había en el fondo y pudo verse reflejada en ellas. Ahogó un grito al advertir el reflejo de su cara completamente pintada en hilillos de sangre reseca y restos de tierra.
Intentando no mojarse las ropas tan perfectas que llevaba para la ocasión, se acercó lo suficiente como para poder ver claramente la brecha que tenía en a frente.
—Cielos… —expresó sorprendida al ver que el tacto de sus dedos le había engañado rato antes haciéndole creer que tenía un enorme tajo en la frente.
No había sido tanto, solamente una brecha del tamaño de media ceja, pero de la cual había brotado una gran cantidad de sangre que había cambiado el color de su piel. Se lavó las manos que tenía llenas de restos de sangre, tierra y suciedad, y con cuidado pasó a limpiar la herida, la cara y el cuello, aunque no tuviera nada con lo que secarse.
El sonido de las hojas crepitando a su espalda bajo el peso de algo, formó en su cara una tonta sonrisa de triunfo que quedó reflejada en las aguas, antes de girarse dejó escapar un profundo suspiro.
—¡Hasta que vienes a buscarme! —bufó sonriente mientras se giraba sacudiéndose el resto de agua de las manos y se preparaba para ver la cara de atontado que tendría alguno de sus amigos. Incluso podía ser el mismísimo Yuri—. Sé que llevas un ratito siguiendo… —un escalofrío cortó frase acusadora.
Tuvo la misma sensación de pánico que en aquélla pesadilla que había padecido. Se quedó inmovilizada al ver a quien tenía delante, aunque la gran pregunta no era quien sino qué.
El potente y masculino gruñido del ser alto y de músculos perfectamente trabajados en un gimnasio casi la hizo gritar.
Era enorme y tan parecido al de sus sueños que le daban escalofríos. Tenía también dos cuernos en lo alto de la cabeza e iba vestido con ropajes extraños. En la parte de abajo llevaba unos finos pantalones holgados a rayas grisáceas remetidos dentro de unas altas botas de cuero, que estaban embarradas de mugre y que le daban cierto aire a mendigo. En la parte superior llevaba una especie de casaca sin mangas de color verdoso que le llegaba hasta las rodillas, adornada con finas hebras amarillentas y debajo de ella no tenía nada, por lo que dejaba ver un perfecto tórax tan moldeado que Odesa casi llegó a pensar con vergüenza que el pecho de aquel individuo era de mayor tamaño que el suyo. No tenía bello, pero estaba tan sucio que parecía haberse caído a una ciénaga.
Enroscada de manera repetida en su cuello, había una gruesa cuerda de cuero que parecía hacer función de collar, y unos abalorios plateados acabados en punta hacían de tope para el final del cordón.
Odesa lo estaba escaneando de arriba abajo, porque no podía creerse lo que llegaba a su retina, tenía que ser una visión.
Los ojos del ser carecían de color alguno, o eso le pareció a la chica. Sus iris rojizos le daban un aire siniestro, sin mencionar que el ojo izquierdo y parte del rostro lo llevaba cubierto con por una especie de antifaz de lo que parecía hierro o alguna clase de metal barato. Pasó a examinar su pelo mientras la boca se le quedaba medio abierta, era de un tono rubio platino, y de algún lugar de entre su cabello, nacían aquellos inquietantes, extraños y oscuros cuernos. Quiso obviar las orejas acabadas en punta pero fue imposible.
Girarse y encontrarse delante de ella a un tipo tan extraño plantado de brazos cruzados con un enorme cuchillo con forma ondulada la había asustado, pero fueron las palabras que soltó lo que la aterró por completo.
—Un buen rato más bien —descruzó los brazos taladrándola con esos ojos inhumanos mientras se acercaba jugueteando con el cuchillo, dispuesto a atacarla—. Supongo que alguna moneda me darán por ti… —el cuerpo de Odesa dio un fuerte respingo— y tus órganos.
“Imposible… ¿Por qué se han tomado tantas molestias para hacerme esta bromita?” se preguntó intentando mantener la compostura. “Realmente me ha asustado, y si sigue acercándose voy a acabar chillando como una loca… así que mejor le hablo mientras me alejo un poquito y me voy metiendo en el agua —planificó —Saben que no sé nadar, así que en cuanto el agua me cubra lo suficiente como para ahogarme, pararán con esta tontería de una vez por todas”.
—Mira… cosa —el platino alzó una ceja ante el sustantivo y se detuvo a la espera.
“¿No querían que entrase en ambiente fantástico con hojitas de colores y piedras a lo medieval? Pues voy a darles el gusto”.
—Antes de tocarme con esas mugrientas manos —señaló con un movimiento de cabeza al cuerpo del otro—, te aconsejo que te des una buena ducha. Una con mucho frotar y bastante jabón, porque pareces Shrek pero en color café con leche.
Una especie de aura siniestra lo envolvió y Odesa supo por el cambio de su mirada que le acababa de dedicar, que algo de lo que había dicho no le gustó ni un pelo y le había sentado como una patada en las pelotas. ¿Acaso la verdad dolía?
“Haberte pillado otro papel en esta obra” se dijo mientras empezaba a retroceder internándose en el lago incómoda al pisar las piedritas del fondo con las zapatillas de estar por casa que llevaba.
—Quiero ese cuchillo tuyo de piratas del Caribe lejos de mí o te aseguro que te vas a arrepentir —intentó ser convincente, pero el movimiento furioso que hizo con el cuchillo en el aire cortando cualquier otra frase por parte de ella, hizo que trastabillara con su propio pie cayendo de espaldas al agua.
—A mi ningún Inicial me da ordenes —siseó enseñando unos dientes asombrosamente blancos y coronados con un par de colmillos afilados—. Sabes perfectamente que no se puede salir de los límites del bosque —gruñó dando un paso hacia ella, que había conseguido alzarse quedando con el agua hasta los muslos mientras seguía retrocediendo con el ceño fruncido —, son las reglas.
— ¡Y a mi ningún idiota con ganas de divertirse me saca de mi tienda de dormir! —continuó retrocediendo, ahora con el agua por la cintura— ¡Ni me lleva a vete a saber donde dejándome tirada a mi suerte y luego viene disfrazado de…de… una especie evolucionada de Avatar a lo chocolate y con cuernos, diciendo que me va a vender a cachos! —bufó temerosa y furiosa al mismo tiempo.
—Chico, hablas raro y tienes unos cojones de cuidado, pero conmigo eso no funciona —gruñó más fuerte—. Deja de tocarme los huevos y sal del agua —le hizo una señal con el cuchillo apoyando su orden—, o te aseguro que lo que vive ahí acabará contigo antes de lo que tardaré yo si sigues adentrándote en el lago y escupiendo gilipolleces por esa boca tan sucia.
“¿Ahora quiere hacerme creer que hay un súper tiburón del lago o algo?”
—Vas a tener que venir a buscarme porque apenas toco suelo y ya sabéis que no sé na…
— ¡Akrios! —alguien salió de entre los árboles gritando lo que parecía habían decidido que iba a ser el nombre de ese ser o personaje con el que estaba hablando.
—Mantente al margen Cross —echó una mano atrás señalándole al chico que se detuviese—. Un inicial ha salido de los márgenes —la señaló con la cabeza— y hasta donde yo sé, tú también eres uno, y mi trabajo es descuartizar a todo lo que sale, así que ya puedes estar volviendo tras tus pasos.
El otro rió mientras se le acercaba.
—Sabes perfectamente que no me vas a hacer nada. Esta es la centésima vez que salgo —la miró y Odesa pudo apreciar varias cosas de la nueva aparición con pintas más normales.
Le llegaba al tal Akrios por los hombros, tenía un pelo de color oro y unos ojos aguamarina increíbles. Tanto la extraña camisa que llevaba de manga larga y color pardo con unos bordados de hilo dorado en el cuello, como los pantalones de una tonalidad un poco más oscura y las botas de cuero curtido a juego con estos, estaban totalmente limpios e impolutos.
El tal Akrios le estaba empezando a dar una reprimenda, pero el otro parecía simpático, y sin quererlo le estaba dando más tiempo para su plan de “me ahogo y es tu culpa, idiota”.
Odesa tenía la sensación de estar pisando algún tipo de alga, por lo que se detuvo tanteando con la punta del pie alrededor, y en algún punto de su alocado plan perdió una de las zapatillas, pero no la encontró y maldijo en silencio. Mientras, el agua ya le llegaba por el cuello cuando los dos que tenía delante se percataron de que su cuerpo apenas era visible, y Akrios maldijo apartando al rubio a un lado impidiéndole ir a por ella.
—Oye inicial —le habló el chico que acababa de llegar—. Es mejor que salgas del agua —un alga flotante rozó las piernas de Odesa y esta se sacudió sorprendida—, porque hay especies en ese lago que son mas grandes que un carrozal, y están totalmente dispuestas a arrancarte cualquier parte del cuerpo si se lo pones tan en bandeja como ahora.
—Déjalo Cross, este estúpido inicial parece de otro planeta, sino, no se entiende que esté haciendo lo que hace.
—Pero Akrios… —dudó el otro— ¿Por qué se ha metido en el lago? ¿Has vuelto a amenazar otra vez a más demonios?
—Venga va, ahora es cuando sale alguien disfrazado de drácula de algún lado —bufó Odesa ante la palabra demonio y repeinándose de nuevo el pelo negro hacia atrás llegando a un bache de arena.
Si daba otro paso atrás iba a necesitar ayuda para flotar.
—Estoy al borde de un bache, si doy otro paso os aseguro que me ahogaré, así que ya podéis estar saliendo todos los implicados en esta mierda de juego —frunció el ceño—. No estoy enfadada, así que podéis salir y nos reímos todos un rato.
—Perdona chico —había estado ignorando a posta que el tal Akrios le estaba confundiendo de género, pero ya le estaba empezando a tocar las narices. Esta vez alguna bolsa fue la que rozó su muslo—, pero te has debido dar tremendo mamporro en donde sea que te hayas caído.
Akrios comenzó a adentrarse en las aguas del lago cuchillo en mano mientras maldecía la actitud de Odesa, a quien no le parecía que aquel tipo fuese en absoluto amigable.
—Para tu información —replicó la chica—. Uno, no sé qué cojones es un inicial. Dos, seguramente me he debido haber descolocado algo en la cabeza con el golpe y tres, no soy un chico.
El rubio alzó una ceja sin entender y el de ojos blanquecinos se detuvo un segundo para luego reanudar los pasos hasta ella. A Odesa le pareció imaginar que en la mejilla derecha del actor -porque debía haberlo contratado con una mísera botella de vodka- acababa de aparecer fugazmente una enorme cicatriz que iba desde la ceja pasando por el ojo hasta la mandíbula. Parpadeó y esta desapareció de su vista.
“Menudo golpe me he tenido que dar… veo cosas que aparecen y desaparecen…”
—Eres joven, así que siempre serás un chico para todos —la voz del tal Akrios la sacó de su estupor—. Hasta que no llegues a los 300 años eres todo un escuincle, y aún con esa edad sigues siendo joven, chico —repitió con intención de molestar.
—…A parte de ser un Friki que trabaja como un mal actor secundario, necesitas que te gradúen esas lentillas —señaló Odesa con la cabeza—. Un paso más y estaré en problemas, te lo aseguro.
—¿Lentillas? —preguntó Akrios con una mueca de confusión— ¿Qué mierda es eso?
A Odesa se le escapó el indicio de una pequeña risa que acabó en un resoplido, y Coss frunció el ceño.
—De verdad, inicial, es mejor que salgas del agua y hablemos cuando estés en tierra firme. Noto ondas oscuras a poca distancia, y a pesar de que Akrios parece un sanguinario, para lo máximo que usa ese cuchillo es para cortar redes y sacar algún que otro ojo… animal —puntualizó al mismo tiempo que el ser con cuernos acababa en un abrir y cerrar de ojos delante de las narices de la chica, sin ella haberlo notado. Del susto que se dio, acabó dando el fatal paso atrás.
Se vio a sí misma bajo el lago, manoteando las aguas con una repentina desesperación. Incluso podía imaginar como todos iban a perder el culo para ir a sacarla antes que se ahogase, pero nada de eso ocurrió. Ni acabó bajo el agua ni vio a nadie salir de ningún lado, Akrios la tenía sujeta del brazo mientras mantenía la mirada fija en ella.
Algo debió pasar por la mente del otro, porque su expresión cambió de estar con una sonrisa torcida de superioridad a una de total contención y tensión. ¿Había visto algo?
“Esto… Se me está haciendo muy raro” pensó Odesa. “No seguiré soñando, ¿verdad?”.
Akrios chasqueó la lengua y arrugó la nariz y el entrecejo. Acercó tanto la cara a la de Odesa que está echó el cuello hacia atrás virando levemente la cara hacia un lado con visible incomodidad. El otro empezó a olfatear como si fuera un can. Arrimó de tal manera la nariz al cuello de la chica que a Odesa se le erizó la piel levemente por el suave y repentino contacto.
—¿Q…Qué? —esta vez fue ella la que frunció el ceño. Una especie de corriente de calor le recorrió el cuerpo al ver la cara del ser de cerca. Realmente era la perfección a pesar de estar cubierto de mugre y ser tan…tan… raro. Sin mencionar esos ojos que cortaban el aire.
—Tú… —comenzó a decir Akrios sin quitarle los ojos de encima. Parecía fascinado y confundido.
—Soy una CHI·CA, HEM·BRA, del género FE·ME·NI·NO, pedazo de…—intentó puntualizar Odesa con renovado enfado gruñendo cada palabra que salía de su boca en voz tan baja que solamente podía escucharlo él.
La frase se quedó ahí, porque de un doloroso y repentino tirón la lanzó a un lado haciéndole perder el equilibrio.
—¿¡Pero qué demonios te crees que hac…!? —un enorme monstruo negruzco con la piel igual de densa que el petróleo y unos tentáculos gelatinosos del tamaño de un tanque acababa de emerger de las aguas con una afilada dentadura amarillenta, mirándola con atención y hambre.
Cross gritó al ver al bicho.
—Maldita sea… Te dije que no entraras al agua —gruñó el de los cuernos trazando una línea curva con el cuchillo en la capa del agua. Al momento, una onda expansiva salió en dirección al monstruo impactándole de lleno—, este es un mundo malditamente sangriento, para que lo sepas —le dijo sin mirarla.
—¿¡Esto es real!? —gimió Ody por el golpe, porque en los sueños no se sentía dolor.
—¡¿A ti que cojones te parece?! —volvió a gruñir girándose hacia ella con aquella cicatriz perfectamente visible en la cara que supuestamente se había imaginado momentos antes y enseñándole los colmillos— ¡Fuera del agua, ya! —Le gritó para luego llevar los ojos a su cuchillo—. Al final voy a acabar usando la maldita daga de mondadientes, joder.
El monstruo estaba volviendo a atacar. Abrió sus fauces dejando a la vista la asquerosidad de su garganta, llena de furúnculos blancos y larga una lengua lila.
Con un ligero movimiento de muñeca, Akrios posicionó el cuchillo y saltó al aire manteniéndose sobre las aguas del lago como si tuviera algo invisible bajo los pies que le hacía de soporte. Acababa de abalanzarse hacia el monstruo cuando se dio cuenta de que había sido un gran error al oír el pequeño grito de Odesa.
Otro más los acababa de rodear.
Cross no sabía luchar, y por ende no llevaba armas encima. El chico tampoco podía entrar al lago porque estaba prohibido, y por mucho que intentase llamar la atención de la bestia que acababa de emerger al otro lado, esta no iba a salir de las aguas, puesto que no era estúpida. Monstruo sí, pero tonto no, porque sabía qué seres eran ellos y lo que eran capaces de hacer en tierra firme.
Si él estaba atacando al que tenía delante y Cross no podía entrar al lago, eso significaba que iba a tener que ser más rápido de lo que había sido en su vida para evitar la muerte de aquella chica Humana.
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